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“Pues no ha pasado por alto ni ha tenido en menos el sufrimiento de los necesitados; no les dio la espalda, sino que ha escuchado sus gritos de auxilio.”

Salmo 22:24, (NTV)

CUANDO NO ENTIENDO LO QUE DIOS ESTÁ HACIENDO

Hay momentos en que la vida nos golpea tan fuerte que incluso nos cuesta orar. Quizás hemos pedido ayuda, esperado una respuesta o atravesado una situación que no logramos comprender. David conoció ese dolor y comenzó este Salmo con una pregunta desgarradora: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (v.1). ¡Qué impresionante que Dios haya permitido que estas palabras quedaran escritas en Su Palabra! Nos muestran que podemos acercarnos a Él con nuestras preguntas, lágrimas y angustias, sin necesidad de aparentar que todo está bien.

Pero en medio de su sufrimiento, David recuerda algo fundamental: “Sin embargo, tú eres santo, estás entronizado en las alabanzas de Israel” (Salmo 22:3, NTV).

David no comprende lo que está viviendo, pero recuerda quién es Dios. Su dolor es real, pero también lo es la santidad y fidelidad del Señor. Aquí encontramos un tesoro precioso: la fe no significa que nunca tendremos preguntas, sino que podemos seguir buscando a Dios incluso cuando todavía no tenemos respuestas.

Este Salmo también contiene una revelación extraordinaria acerca de Jesucristo. Cuando Jesús estaba en la cruz, pronunció las palabras iniciales de este Salmo. “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Además, el sufrimiento descrito por David anticipa aspectos de la crucifixión, como las burlas y el reparto de sus vestiduras (Salmo 22:7-8,18; Juan 19:23-24). Jesús conoce profundamente el sufrimiento humano; no hablamos de un Salvador distante, sino de Aquel que entregó Su vida por nosotros.

Y aunque el Salmo comienza con un clamor de angustia, termina anunciando la fidelidad de Dios y llamando a las naciones a adorarlo. David declara: “Él no les ha dado la espalda, sino que ha escuchado sus gritos de auxilio” (Salmo 22:24, NTV, fragmento). ¡Qué esperanza! El sufrimiento no tiene la última palabra. El Dios al que clamamos en medio de nuestras lágrimas es el mismo que escucha, sostiene y permanece fiel.



Quizás hoy estás atravesando una situación que no entiendes o esperando una respuesta que todavía no llega.

¿Puedo seguir confiando en el carácter de Dios, aun cuando no comprendo lo que estoy viviendo?

Hoy no necesitas esconder tus sentimientos delante del Señor. Acércate a Él con sinceridad y recuerda que Jesús conoce tu dolor.

EL Señor te bendiga.