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“Cuídame como cuidarías tus propios ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas”.

Salmo 17:8, (NTV).

GUÁRDAME COMO A LA NIÑA DE TUS OJOS

David comienza este Salmo clamando por justicia y pidiendo al Señor que escuche su oración sincera (vv.1-2). Está enfrentando una situación difícil, pero en lugar de buscar solamente defenderse delante de los demás, decide presentar su causa delante de Dios. ¡Qué importante es aprender a llevar nuestras luchas primero a Su presencia! Cuando conocemos el carácter justo de Dios, podemos confiarle incluso aquellas situaciones donde sentimos que nadie comprende lo que estamos viviendo.

Pero David hace algo extraordinario: invita a Dios a examinar su corazón (v.3). Reconoce que el Señor conoce sus pensamientos, sus intenciones y aun aquello que sucede en lo secreto. David desea mantenerse lejos de la violencia y caminar por los senderos de Dios (vv.4-5). Necesitamos permitir que Él examine nuestras propias actitudes. Antes de pedirle a Dios que cambie lo que sucede a nuestro alrededor, debemos estar dispuestos a que examine lo que hay dentro de nosotros.

Entonces aparece una declaración llena de confianza: “A ti oro, porque tú me responderás, oh Dios” (v.6). David ora porque conoce al Dios que escucha. Luego pide que el Señor manifieste Su amor inagotable y lo rescate de quienes lo amenazan (v.7). La oración nace de una relación de confianza con un Dios que es poderoso para salvar y cercano para escuchar.

En el versículo 8 encontramos una de las imágenes más tiernas de los Salmos: “Cuídame como cuidarías tus propios ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas”. David utiliza dos expresiones que revelan protección y cercanía. Los ojos son una parte delicada y preciosa que protegemos instintivamente; las alas nos recuerdan el refugio que un ave ofrece a sus crías. ¡Qué hermosa manera de expresar nuestra dependencia del Señor! No solamente necesitamos que Dios nos libre del peligro, sino aprender a permanecer cerca de Él y descansar bajo Su cuidado.

Esto nos invita a examinar nuestras prioridades: ¿estamos viviendo solamente para obtener seguridad, bienestar y reconocimiento en este mundo, o estamos cultivando una relación eterna con el Señor?

David termina con una declaración extraordinaria: “Porque soy justo, te veré; cuando despierte, te veré cara a cara y quedaré satisfecho” (v.15, NTV). Mientras otros buscan satisfacción únicamente en las cosas materiales, David reconoce que su mayor esperanza está en contemplar el rostro de Dios. A la luz del Evangelio, sabemos que nuestra esperanza de estar delante de Él descansa en la gracia y la obra de Jesucristo. La mayor bendición no es solamente experimentar la protección de Dios, sino disfrutar de Su presencia y encontrar en Él nuestra satisfacción más profunda.



Cuando enfrentamos críticas, conflictos, temores o situaciones injustas, nuestra primera reacción puede ser defendernos, preocuparnos o intentar controlar todo.

¿Estoy buscando primero la protección de Dios y permitiendo que Él examine mi corazón, o estoy intentando resolverlo todo con mis propias fuerzas?

Hoy acerquémonos al Señor con sinceridad, confiemos nuestras luchas a Sus manos y aprendamos a descansar bajo Su cuidado.

El Señor te bendiga.