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Devocional
“Señor, ¿quién puede adorar en tu santuario? ¿Quién puede entrar a tu presencia en tu monte santo? Los que llevan una vida intachable y hacen lo correcto, los que dicen la verdad con corazón sincero.”
Salmo 15:1-2, (NTV)
Tesoro Bíblico
UNA VIDA QUE AGRADA A DIOS
¿Quién puede permanecer en la presencia del Señor? (v.1). No está preguntando solamente quién puede entrar físicamente al santuario, sino qué clase de vida corresponde a quienes desean vivir en comunión con un Dios santo.
La primera respuesta es clara: vivir con integridad, practicar lo correcto y hablar con sinceridad (v.2). Dios no busca solamente palabras hermosas o expresiones externas de espiritualidad. Él mira nuestro corazón y espera que exista coherencia entre lo que creemos, lo que decimos y lo que hacemos. La verdadera adoración no termina cuando dejamos el lugar de reunión; continúa en cada decisión de nuestra vida.
No hablar mal de otros, no hacer daño al prójimo ni participar en comentarios que destruyan su reputación (v.3). Podemos levantar nuestras manos para adorar al Señor y después utilizar nuestra boca para criticar, herir o divulgar aquello que perjudica a otros.
El Salmo continúa enseñándonos: “Aquel ante cuyos ojos es menospreciado el vil pero que honra a los que temen al SEÑOR” (v.4). La integridad se demuestra especialmente cuando hacer lo correcto exige sacrificio. Es fácil ser fiel cuando todo nos favorece; el verdadero carácter se manifiesta cuando decidimos obedecer a Dios aunque resulte incómodo o implique renunciar a algún beneficio personal.
David también menciona la justicia en el manejo del dinero y el rechazo a los sobornos que perjudican a los inocentes (v.5). Esto nos recuerda que la santidad también se expresa en nuestra administración, nuestros compromisos y nuestras decisiones económicas. No podemos separar nuestra vida espiritual de nuestra conducta cotidiana. Dios desea formar en nosotros un corazón íntegro en todas las áreas.
Termina con una promesa: “Los que hacen estas cosas jamás serán sacudidos” (v.5, NTV). La estabilidad espiritual está relacionada con una vida afirmada en los caminos del Señor. Sin embargo, debemos recordar que no alcanzamos la salvación por nuestra propia perfección: es Jesucristo quien nos reconcilia con Dios y, por Su gracia, transforma nuestro corazón para vivir conforme a Su voluntad. La integridad no es el precio para comprar Su amor, sino el fruto de una vida que ha aprendido a caminar con Él.
La verdadera adoración no se demuestra solamente con lo que decimos delante de Dios, sino con la integridad con que vivimos delante de los demás.
Punto de Acción
Hoy podemos preguntarnos:
¿Existe coherencia entre la fe que expresamos cuando adoramos a Dios y nuestra manera de hablar, tratar a otros y cumplir nuestros compromisos?
Que nuestra adoración no se limite a una reunión, sino que se refleje en nuestras conversaciones, relaciones, responsabilidades y decisiones de cada día.
El Señor te bendiga.