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Devocional
“Solo los necios dicen en su corazón: «No hay Dios». Ellos son corruptos y sus acciones son malas; ¡no hay ni uno solo que haga lo bueno! El Señor mira desde los cielos a toda la raza humana; observa para ver si hay alguien realmente sabio,
Salmo 14:1-2 (NTV)
si alguien busca a Dios.“
Tesoro Bíblico
CUANDO EL CORAZÓN VIVE SIN DIOS
David comienza este Salmo con una declaración fuerte: “Solo los necios dicen en su corazón: «No hay Dios»” (v.1). No está hablando simplemente de una discusión intelectual sobre la existencia de Dios, sino de un corazón que vive rechazando Su autoridad. Una persona puede incluso conocer acerca de Dios y, sin embargo, tomar sus decisiones como si Él no estuviera presente. El verdadero problema comienza cuando dejamos de reconocer al Señor como la autoridad sobre nuestra vida.
Las consecuencias de esa actitud: corrupción, injusticia y una manera de vivir alejada de la voluntad de Dios (vv.1-3). Cuando el ser humano se convierte en su propia autoridad, comienza a justificar aquello que le conviene, aunque contradiga la verdad. El Salmo nos recuerda que el pecado no es solamente una conducta externa, sino una condición profunda del corazón. Por eso Pablo utiliza este pasaje en Romanos 3:10-12 “«No hay ni un solo justo, ni siquiera uno. Nadie es realmente sabio, nadie busca a Dios. Todos se desviaron, todos se volvieron inútiles. No hay ni uno que haga lo bueno, ni uno solo»”. Para mostrar que todos necesitamos la gracia y la salvación de Dios.
Pero aparece una escena extraordinaria: “El Señor mira desde los cielos a toda la raza humana” (v.2). Dios observa y examina si hay alguien que lo busque verdaderamente. ¡Qué importante es esta pregunta! No se trata solamente de cuánto sabemos acerca de Dios, sino de cuánto deseamos conocerlo, escucharlo y obedecerlo. La verdadera sabiduría comienza cuando reconocemos nuestra necesidad del Señor y orientamos nuestro corazón hacia Él.
El pecado no solamente afecta nuestra relación con el Señor; también termina dañando nuestras relaciones con los demás. Cuando perdemos el temor de Dios, fácilmente podemos perder la sensibilidad frente al sufrimiento ajeno. Una vida que busca sinceramente al Señor debe reflejar Su justicia, Su misericordia y Su amor hacia las personas.
“Dios está con los que lo obedecen” (v.5). Aunque los malvados intenten frustrar los planes de los pobres, el Señor continúa siendo su refugio (v.6). ¡Qué esperanza! Dios no abandona a quienes dependen de Él. Su presencia sostiene a quienes parecen débiles delante del mundo, pero encuentran su seguridad en el Señor.
David expresa un profundo anhelo por la salvación que vendrá de Sion “¿Quién vendrá del monte Sion para rescatar a Israel? Cuando el Señor restaure a su pueblo, Jacob gritará de alegría e Israel se gozará.” (v.7). Este clamor nos recuerda que la humanidad necesita mucho más que mejorar algunas conductas: necesitamos que Dios intervenga para rescatarnos y restaurarnos. A la luz del Nuevo Testamento, encontramos en Jesucristo la respuesta definitiva a nuestra necesidad de salvación. Él vino a rescatarnos del pecado y abrirnos el camino para vivir reconciliados con Dios.
La verdadera sabiduría no consiste solamente en reconocer que Dios existe, sino en vivir cada día buscando Su presencia y obedeciendo Su Palabra.
Punto de Acción
Hoy podemos creer en Dios y, sin darnos cuenta, dejarlo fuera de nuestras decisiones, relaciones y prioridades.
Preguntémonos: ¿Estoy buscando verdaderamente a Dios y permitiendo que Su Palabra dirija mi vida, o estoy viviendo según mis propios criterios?
Que hoy nuestro corazón vuelva a reconocer Su autoridad, busque Su presencia y camine en obediencia.
Que le Señor te bendiga.