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“Pero yo confío en tu amor inagotable; me alegraré porque me has rescatado.
Cantaré al Señor porque él es bueno conmigo.”

Salmo 13:5-6, (NTV)

CUANDO LA ESPERA PONE A PRUEBA NUESTRA FE

David comienza este Salmo con una pregunta que repite cuatro veces: “¿Hasta cuándo, Señor?” (vv.1-2). Se siente olvidado, angustiado y agotado de luchar con sus pensamientos. Incluso expresa que parece que Dios ha apartado Su rostro de él. Hay momentos en nuestra vida en que la espera se vuelve difícil, las respuestas parecen demorarse y nuestro corazón comienza a preguntarse dónde está Dios.

David reconoce que su sufrimiento no solamente viene de las circunstancias externas, sino también de la batalla que está viviendo en su interior: “¿Hasta cuándo tendré que luchar con angustia en mi alma, con tristeza en mi corazón día tras día?” (v.2). Muchas veces nuestras luchas más intensas ocurren en nuestros pensamientos, cuando la preocupación, el temor o la incertidumbre comienzan a ocupar el lugar de la confianza.

En los versículos 3 y 4 comienza a orar: “Vuélvete hacia mí y contéstame, oh Señor mi Dios”. ¡Qué importante es este cambio! En lugar de permitir que su angustia lo aleje de Dios, David convierte su sufrimiento en oración. La fe no significa negar nuestras emociones, sino aprender a llevarlas delante del Señor. Podemos estar cansados, tristes o confundidos y aun así seguir buscando Su presencia.

“Pero yo confío en tu amor inagotable” (v.5). David no declara que todos sus problemas hayan desaparecido. Lo que cambia es el fundamento sobre el cual está descansando su corazón. Deja de mirar solamente lo que está viviendo y recuerda quién es Dios. Cuando nuestras circunstancias no cambian inmediatamente, podemos encontrar nuevas fuerzas al recordar que el amor de Dios permanece fiel.

“Cantaré al Señor porque él es bueno conmigo” (v.6).

David comenzó preguntando hasta cuándo tendría que sufrir y termina alabando al Señor. La adoración nos ayuda a recordar la bondad de Dios incluso en medio de la tormenta.

Podemos comenzar una oración llorando y terminarla recordando Su fidelidad. La esperanza en Cristo no consiste en fingir que todo está bien, sino en descansar en el amor de Aquel que nunca deja de ser bueno.

La espera puede poner a prueba nuestra fe, pero el amor inagotable de Dios nos sostiene mientras aprendemos a confiar en Él.



Quizás hoy estás esperando una respuesta, atravesando una preocupación familiar o enfrentando una situación que parece no terminar.

¿Estoy permitiendo que la espera debilite mi confianza o estoy aprovechando este tiempo para acercarme al Señor?

Hoy podemos llevar nuestros pensamientos a Dios, recordar Su fidelidad y seguir confiando en Su amor, aun cuando todavía no tengamos todas las respuestas.

El Señor te bendiga.