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Devocional
“Pero tú ves los problemas y el dolor que causan; lo tienes en cuenta y los castigas. Los indefensos confían en ti; tú defiendes a los huérfanos”.
Salmo 10:14 y 17, (NTV)
“Señor, tú conoces las esperanzas de los indefensos; ciertamente escucharás sus clamores y los consolarás”.
Tesoro Bíblico
DIOS VE LO QUE OTROS NO VEN
El Salmo comienza con una pregunta profundamente humana: “Oh Señor, ¿por qué permaneces tan distante? ¿Por qué te escondes cuando estoy en dificultades?” (v.1). El salmista observa la injusticia, el abuso y el sufrimiento de los más débiles. Pareciera que quienes hacen el mal prosperan mientras Dios guarda silencio. Sin embargo, esta pregunta no lo aleja del Señor; por el contrario, lo lleva a buscarlo. La fe también se expresa cuando llevamos nuestras preguntas y angustias delante de Dios.
Luego describe el corazón de los malvados: su orgullo los lleva a despreciar a Dios, confiar en sus propias fuerzas y vivir convencidos de que nunca tendrán que rendir cuentas (vv.2-6). Incluso llegan a pensar que Dios no observa sus acciones (v.11). ¡Qué peligroso es vivir como si Dios no estuviera presente! El orgullo nos hace olvidar nuestra dependencia del Señor y puede endurecer nuestro corazón frente al sufrimiento de otros.
El salmista también muestra que la maldad no se manifiesta solamente en grandes injusticias, sino en las palabras y las actitudes. Describe bocas llenas de engaño, amenazas y maldiciones, y personas que aprovechan su posición para dañar a los indefensos (vv.7-10). Esto nos recuerda que nuestra relación con Dios también debe reflejarse en cómo hablamos, tratamos y cuidamos a quienes nos rodean. No podemos decir que amamos al Señor mientras permanecemos indiferentes al dolor de nuestro prójimo.
Pero en medio de esta realidad aparece una declaración extraordinaria: “Pero tú ves…” (v.14). Aunque los malvados crean que nadie observa lo que hacen, Dios conoce cada injusticia y cada lágrima. Él no es indiferente al sufrimiento humano. El silencio de Dios nunca debe confundirse con Su ausencia. Aunque no comprendamos Sus tiempos, podemos confiar en que Su justicia permanece y que ningún sufrimiento pasa inadvertido delante de Él.
Finalmente, el salmista declara: “El Señor es rey por siempre y para siempre” (v.16). ¡Qué transformación en su mirada! Comenzó preguntando por qué Dios parecía distante y termina reconociendo que Él continúa reinando. El Señor escucha el clamor de los humildes, fortalece sus corazones y defiende a quienes sufren injustamente (vv.17-18). Nuestra esperanza no descansa en que el mundo siempre actuará correctamente, sino en que Dios sigue siendo un Rey justo, atento y misericordioso.
Aunque Dios parezca guardar silencio, nunca deja de ver, escuchar y reinar. Su justicia permanece y Su amor sostiene a quienes confían en Él
Punto de Acción
Hoy también podemos enfrentar injusticias, situaciones dolorosas o momentos en que parece que Dios no responde.
En lugar de permitir que la frustración endurezca nuestro corazón, acerquémonos al Señor, confiemos en Su justicia y seamos sensibles al sufrimiento de los demás.
Preguntémonos: ¿Estoy confiando en que Dios ve mi situación y, al mismo tiempo, estoy siendo parte de Su cuidado hacia quienes necesitan ayuda?
El Señor te bendiga.