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“El Señor es un refugio para los oprimidos, un lugar seguro en tiempos difíciles. Los que conocen tu nombre confían en ti, porque tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan.

Salmo 9:9-10, (NTV)

CONOCER A DIOS NOS ENSEÑA A CONFIAR

David comienza este Salmo con una hermosa declaración: “Te alabaré, Señor, con todo mi corazón; contaré todas las cosas maravillosas que has hecho” (v.1). Su adoración nace de recordar las obras de Dios. Es importante cultivar una memoria agradecida. Muchas veces las dificultades presentes ocupan tanto espacio en nuestra mente que terminamos olvidando las respuestas, la provisión y la fidelidad que hemos experimentado del Señor.

Pero David no se queda solamente en las bendiciones recibidas. Reconoce que Dios gobierna con justicia “Reprendiste a las naciones y destruiste a los malvados; borraste sus nombres para siempre.”(v.5). Mientras los reinos humanos cambian y las autoridades pasan, el Señor permanece en Su trono. Él conoce la verdad, juzga con rectitud y ninguna injusticia escapa de Su mirada. “Pero el Señor reina para siempre; desde su trono lleva a cabo el juicio. Juzgará al mundo con justicia  y gobernará a las naciones con imparcialidad.” (vv. 7-8). Esto nos recuerda que nuestra seguridad no descansa en la estabilidad de este mundo, sino en el carácter inmutable de Dios.

Entonces llegamos al corazón del Salmo: “El Señor es un refugio para los oprimidos, un lugar seguro en tiempos difíciles” (v.9). David no dice que quienes conocen a Dios nunca enfrentarán problemas. Nos revela algo mucho más profundo: en medio de las dificultades tenemos un lugar seguro al cual acudir. Dios no es indiferente al sufrimiento de Sus hijos; Él ve, escucha y sostiene a quienes buscan Su ayuda.

Y el versículo 10 nos entrega una de las verdades más poderosas de este Salmo: “Los que conocen tu nombre confían en ti”. En la Biblia, conocer el nombre de Dios significa mucho más que saber cómo llamarlo: es conocer Su carácter, Su fidelidad, Su justicia y Su misericordia. Nuestra confianza crece a medida que conocemos verdaderamente quién es Dios. No se trata de confiar porque todo saldrá como esperamos, sino porque sabemos en quién hemos puesto nuestra esperanza.

Más adelante, David vuelve a clamar por misericordia en medio de sus aflicciones “Señor, ten misericordia de mí. Mira cómo me atormentan mis enemigos;  arrebátame de las garras de la muerte.”(v. 13). Esto es precioso: el mismo hombre que alaba también necesita ayuda. La fe no significa ausencia de luchas, sino aprender a llevar nuestras luchas delante del Señor. David quiere experimentar la liberación de Dios para seguir proclamando Sus alabanzas. Su sufrimiento no apaga su adoración; lo impulsa a buscar nuevamente al Señor.

Finalmente, el Salmo nos recuerda que Dios no se olvida de los necesitados ni permite que la maldad tenga la última palabra “Haz que tiemblen de miedo, oh Señor; que las naciones sepan que no son más que seres humanos.”(v. 20). Aunque a veces parezca que la injusticia prospera, Dios sigue siendo el Juez de toda la tierra. David termina pidiendo que las naciones reconozcan su condición humana delante de Él. ¡Qué importante es recordar que nosotros somos limitados, pero nuestro Dios permanece soberano!

La confianza más firme no nace de tener todas las respuestas, sino de conocer profundamente al Dios que nunca abandona a quienes lo buscan.



En medio de las preocupaciones, las dificultades y la incertidumbre, es fácil olvidar lo que Dios ya ha hecho por nosotros. Hoy detengámonos a recordar Su fidelidad y preguntémonos:

¿Estoy buscando conocer más profundamente a Dios o solamente acudo a Él cuando necesito ayuda?

Cuanto más conocemos Su carácter, más aprendemos a confiar en Él, incluso cuando nuestras circunstancias no cambian.

El Señor te bendiga.