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“Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús; y porque ustedes pertenecen a él, el poder del Espíritu que da vida los ha libertado del poder del pecado, que lleva a la muerte.”

Romanos 8:1-2, (NTV)

Romanos 7 terminó con una pregunta desesperada: “¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte?”
(Romanos 7:24). Y Romanos 8 comienza con una respuesta extraordinaria: “Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús.”(Romanos 8:1).

Pablo no dice: “Ya no cometerás errores.” Dice: “Ya no hay condenación.” ¿Por qué? Porque lo que nosotros no podíamos conseguir por medio de nuestros propios esfuerzos, Dios lo hizo enviando a Su Hijo (vv.3-4). Ese es el Evangelio.

La Ley podía mostrarnos lo correcto, pero nuestra naturaleza pecaminosa nos impedía cumplirla perfectamente. Entonces Dios actuó en Cristo. Y ahora aparece la persona del Espíritu Santo. una y otra vez en este capítulo.

La respuesta de Dios a nuestra incapacidad no fue simplemente entregarnos más instrucciones. Nos dio Su Santo Espíritu para producir una nueva manera de vivir. “Los que están dominados por el Espíritu Santo piensan en cosas que agradan al espíritu.” (Romanos 8:5).

Aquí encontramos una enseñanza muy práctica. La transformación comienza también en aquello que gobierna nuestra mente. Lo que alimentamos constantemente termina influyendo en nuestra manera de vivir. Por eso Pablo dice: “Dejar que el Espíritu les controle la mente lleva a la vida y a la paz.”
(v.6). Dios no solamente quiere cambiar nuestras acciones; quiere transformar desde adentro nuestra manera de pensar, desear y vivir. No estás solo en esta lucha Romanos 7 decía: “Hay una batalla dentro de mí.”

Romanos 8 responde: “Pero ahora el Espíritu de Dios vive en ti.” “El Espíritu de Dios, quien levantó a Jesús de los muertos, vive en ustedes.” (Romanos 8:11) ¡Qué poderosa verdad!

El mismo Espíritu que levantó a Cristo de los muertos habita en quienes pertenecen a Cristo. Por eso la vida cristiana no consiste en levantarnos cada mañana diciendo: “Hoy intentaré ser suficientemente fuerte.” Sino: “Espíritu Santo, necesito que hoy gobiernes y llenes mi vida.”

Y cuando somos guiados por Él, nuestra relación con Dios también cambia: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.” (v.14). Ya no vivimos acercándonos a Dios como esclavos aterrorizados. “Recibieron el Espíritu de Dios cuando él los adoptó como sus propios hijos. Ahora lo llamamos ‘Abba, Padre’.”(v.15).

No solamente fuimos perdonados. Fuimos adoptados. Dios no solamente quitó nuestra condenación. Nos recibió en Su familia.¿Y qué sucede cuando estamos sufriendo? Pablo no promete que vivir por el Espíritu significa una vida sin dificultades. Al contrario, habla del sufrimiento presente (vv.18-25). Pero declara: “Lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante.”(Romanos 8:18).

Y mientras esperamos, incluso cuando estamos tan quebrantados que no sabemos qué decir: “El Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad.”(v.26). Hay momentos donde quizás ni siquiera sabemos cómo orar. Pero no estamos solos. El Espíritu intercede por nosotros. Y entonces Pablo declara: “Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman…”(v.28).

Esto no significa que todo lo que nos sucede sea bueno. Hay pérdidas, injusticias, enfermedades y dolores que realmente duelen. Significa que Dios es capaz de obrar incluso en medio de aquello que no comprendemos para llevar adelante Su propósito. Nada podrá separarnos de Su amor. Y Romanos 8 termina llevándonos todavía más alto. “Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién podrá ponerse en nuestra contra?” (v.31)

Pablo comienza a mencionar dificultades reales:

  • Problemas.
  • Calamidades.
  • Persecución.
  • Hambre.
  • Peligro.

Y entonces declara: “A pesar de todas estas cosas, nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo, quien nos amó.”(v.37)

Hasta llegar a una de las declaraciones más hermosas de toda la carta: “Nada podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.”(vv.38-39)

Mira cómo comenzó y cómo termina Romanos 8: Comienza: ninguna condenación. Termina: ninguna separación.

Y entre ambas verdades encontramos al Espíritu Santo acompañándonos, transformándonos, guiándonos y ayudándonos en nuestra debilidad.



Quizás hoy estás luchando con algo y estás intentando vencer solamente con tus propias fuerzas. Romanos 8 nos invita a cambiar nuestra oración: En lugar de decir únicamente: “Señor, dame más fuerza para hacerlo yo.” Podemos decir: “Espíritu Santo, gobierna hoy mi mente, mis deseos, mis palabras y mis decisiones.” lléname Espíritu Santo.

Y si has fallado, no vivas permanentemente escuchando la voz de la condenación. Si perteneces a Cristo, recuerda: Ya no hay condenación. Si estás sufriendo: El Espíritu te ayuda en tu debilidad. Si no entiendes lo que está ocurriendo: Dios continúa obrando. Y si alguna circunstancia intenta hacerte pensar que Dios dejó de amarte: Nada podrá separarte del amor de Dios que está en Cristo Jesús.

El Señor te bendiga.