Escuchar artículo

0:000:00
Listo para reproducir

“Por eso puede salvar, una vez y para siempre, a los que vienen a Dios por medio de él. Vive para siempre a fin de interceder con Dios a favor de ellos.”

Hebreos 7:25, (NTV)

Jesús intercede por ti

Hebreos 7 retoma a un personaje que apareció muchos siglos antes: Melquisedec. Abraham regresaba de una batalla cuando se encontró con él: “Este Melquisedec era rey de la ciudad de Salem y también sacerdote del Dios Altísimo.” (Hebreos 7:1; Génesis 14:18-20).

Su nombre significa “rey de justicia”, y como rey de Salem también es presentado como “rey de paz” (Hebreos 7:2).

¿Por qué Hebreos habla tanto de él?

Porque quiere demostrar que el sacerdocio de Jesús no depende del sacerdocio levítico, que aparecería mucho después con la ley de Moisés. Jesús pertenece a la tribu de Judá, no a la de Leví (vv.13-14). Sin embargo, Dios había anunciado: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.”
(Hebreos 7:17; Salmo 110:4).

Aquí comienza a aparecer la gran diferencia.

Los sacerdotes humanos eran muchos porque morían y debían ser reemplazados. “Hubo muchos sacerdotes bajo el sistema antiguo, porque la muerte les impedía continuar con sus funciones.” (Hebreos 7:23). Pero con Jesús sucede algo completamente diferente: “Pero dado que Jesús vive para siempre, su sacerdocio dura para siempre.”(v.24).

Nuestro Sacerdote nunca necesita ser reemplazado. Jesús no comenzó a ayudarnos para después abandonarnos. No estuvo presente solamente el día que creímos. No intervino únicamente cuando recibimos salvación. Él permanece. Y entonces llegamos al corazón del capítulo: “Vive para siempre a fin de interceder con Dios a favor de ellos.”(Hebreos 7:25).

Esto es precioso. Jesús está intercediendo por nosotros.

Cuando estamos fuertes, Él intercede.

Cuando estamos débiles, Él intercede.

Cuando atravesamos pruebas, Él intercede.

Cuando ni siquiera sabemos cómo expresar lo que estamos viviendo, Jesús sigue siendo nuestro perfecto mediador delante del Padre. Y hay otra expresión poderosa en el mismo versículo: “Puede salvar… a los que vienen a Dios por medio de Él.” El sacerdocio antiguo necesitaba sacrificios continuamente. Pero Jesús hizo algo que ningún otro sacerdote podía hacer. Él fue Sacerdote y sacrificio. “Lo hizo una vez y para siempre cuando se ofreció a sí mismo como sacrificio por los pecados del pueblo.” (Hebreos 7:27).

Por eso nuestra relación con Dios no descansa en nuestra capacidad de ser suficientemente buenos. Descansa en la obra perfecta de Jesús. Nuestra seguridad no está en qué tan fuerte logramos aferrarnos a Dios, sino en Cristo, que permanece para siempre y no deja de interceder por nosotros.

Puedes acercarte a Dios con confianza, porque Jesús nunca deja de ser tu Salvador, tu Sacerdote y quien intercede por ti.



Quizás hoy llegaste delante de Dios sintiéndote fuerte. O quizás llegaste cansado. Con dudas. Con culpa. Con una lucha que nadie conoce. Hebreos 7 nos entrega una invitación muy sencilla:

Ven a Dios por medio de Jesús.

No necesitas esconder tu debilidad. No necesitas arreglar primero toda tu vida para después acercarte.

Acércate a Dios confiando en Cristo. Porque mientras nosotros atravesamos nuestras luchas aquí, Jesús permanece delante del Padre intercediendo por nosotros.

Qué seguridad saber que nuestra esperanza no depende de un sacerdote humano que algún día desaparecerá. Tenemos a Jesús. Él vive. Él permanece. Él intercede. Él salva completamente.

El Señor te bendiga.