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“Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.”

Hebreos 5:13-14 (NTV)

Es tiempo de madurar

Hebreos 5 comienza explicando la función del sumo sacerdote. Era escogido para representar al pueblo delante de Dios y presentar ofrendas por los pecados (Hebreos 5:1). Pero había una característica importante: “Puede tratar con paciencia a los ignorantes y descarriados, porque él mismo está sujeto a las mismas debilidades.”(v.2).

Entonces el autor nos lleva a Jesús. Cristo no tomó para sí mismo este honor, sino que fue llamado por el Padre (vv.4-6). Y aunque era el Hijo de Dios, vivió plenamente la experiencia humana. “Mientras Jesús estuvo aquí en la tierra, ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas…” (Hebreos 5:7).

¡Qué imagen tan poderosa! Jesús conoce lo que significa orar con lágrimas. Conoce la angustia. Conoce la presión. Conoce la obediencia cuando obedecer cuesta. Por eso dice:“Aunque era Hijo de Dios, Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió.” (v.8).

Esto no significa que Jesús fuera desobediente y tuviera que corregirse. Significa que experimentó la obediencia en toda su profundidad, incluso cuando implicaba sufrimiento.

La obediencia no fue solamente algo que Jesús enseñó. Fue algo que Jesús vivió. Pero entonces el capítulo cambia de tono. El autor quiere seguir enseñándoles acerca de Cristo, pero encuentra un problema: “Hay mucho más que nos gustaría decir acerca de esto, pero es difícil de explicar, sobre todo porque ustedes son torpes espiritualmente y parece que no escuchan.”(v.11).

Había pasado suficiente tiempo para que estuvieran enseñando a otros, pero todavía necesitaban aprender nuevamente principios básicos (v.12). Y aquí aparece la imagen: leche o alimento sólido.

La leche no es mala. Es necesaria cuando estamos comenzando. El problema es querer vivir siempre de leche. Dios espera crecimiento. Pero fíjate cómo describe a los maduros: “A fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.”(v.14).

La madurez espiritual no consiste simplemente en saber más Biblia. Consiste en aprender a vivir la Palabra. Escucho la verdad. La comprendo. La practico. Y poco a poco desarrollo discernimiento.

La madurez no llega solamente por lo que sabemos, sino por practicar constantemente aquello que Dios nos enseña.

La madurez espiritual comienza cuando dejamos de ser solamente oidores de la Palabra y comenzamos a practicar lo que Dios ya nos enseñó.



Podemos llevar muchos años conociendo al Señor y, sin embargo, existir áreas donde todavía reaccionamos igual que antes. Por eso hoy podríamos preguntarnos:

¿Qué me ha enseñado Dios que todavía necesito comenzar a practicar? Quizás sea perdonar. Controlar nuestras palabras. Ser generosos. Ordenar alguna área de nuestra vida. Apartarnos de algo que sabemos que no agrada a Dios. Aprender a escuchar. Obedecer aunque cueste. No necesitamos solamente otra enseñanza.

A veces necesitamos comenzar a practicar la enseñanza que ya recibimos. Jesús mismo nos mostró el camino: obediencia al Padre incluso cuando cuesta.

El Señor te bendiga.