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“Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas. Y se nos instruye a que nos apartemos de la vida mundana y de los placeres pecaminosos. En este mundo maligno, debemos vivir con sabiduría, justicia y devoción a Dios.”

Tito 2:11-12,(NTV)

La gracia que transforma nuestra manera de vivir

Muchas veces cuando pensamos en la gracia de Dios, pensamos inmediatamente en perdón. Y es correcto. Somos salvos por gracia. No podemos comprar nuestra salvación ni merecerla mediante nuestras buenas obras. Pero Tito 2 nos muestra algo más: La misma gracia que nos salva también comienza a transformarnos.

Pablo dice: “La gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación…” (Tito 2:11) Pero inmediatamente agrega: “Y se nos instruye a que nos apartemos de la vida mundana y de los placeres pecaminosos…” (v.12)

La gracia no solamente dice: “Tus pecados han sido perdonados.” También nos enseña: “Ahora hay una nueva manera de vivir.” Por eso, al comienzo del capítulo, Pablo habla a diferentes personas de la iglesia: hombres mayores, mujeres mayores, jóvenes y siervos (vv.2-10). Y aunque sus situaciones son distintas, hay algo que se repite constantemente: La fe debe hacerse visible en nuestra conducta. Habla de dominio propio, integridad, amor, paciencia, fidelidad y buenas acciones. Incluso le dice a Tito: “Y sé tú mismo un ejemplo para ellos al hacer todo tipo de buenas acciones.” (Tito 2:7)

¿Por qué importa tanto nuestra manera de vivir?

Porque nuestra vida también comunica algo acerca del Dios en quien creemos. Pero entonces Pablo nos lleva nuevamente al centro: Jesús. “Mientras anhelamos con esperanza ese día maravilloso cuando se revele la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” (Tito 2:13)

Aquí aparece nuevamente una verdad que venimos encontrando en estas cartas: Vivimos el presente mirando hacia el regreso de Cristo. No seguimos simplemente la corriente de nuestra cultura. No vivimos dominados por cada deseo. ¿Por qué? Porque sabemos a quién pertenecemos y a quién estamos esperando.

Y Pablo continúa: “Él dio su vida para liberarnos de toda clase de pecado, para limpiarnos y para hacernos su propio pueblo, totalmente comprometidos a hacer buenas acciones.” (Tito 2:14)

El evangelio completo

  • Jesús dio su vida por nosotros.
  • Nos liberó.
  • Nos está limpiando.
  • Nos hizo Su pueblo.
  • Y ahora está transformando nuestra manera de vivir.

La santidad, entonces, no nace simplemente de decir: “Tengo que portarme mejor.” Nace de comprender: “Cristo entregó Su vida por mí y ahora yo le pertenezco.” La gracia no solamente cambia nuestro destino eterno; comienza a cambiar nuestra vida presente.

La gracia de Dios no solamente nos perdona como éramos; nos enseña a vivir como las personas que Cristo nos llamó a ser.



Hoy podríamos preguntarnos: ¿En qué área de mi vida la gracia de Dios todavía quiere enseñarme una nueva manera de vivir?

Quizás hay una actitud que necesitamos abandonar. Una reacción que debemos aprender a controlar. Un hábito que no nos está haciendo bien. Una relación que necesita más amor. Una decisión en la que necesitamos actuar con integridad. No intentemos cambiar solamente mediante nuestra fuerza. Volvamos a la gracia. Recordemos lo que Cristo hizo por nosotros.

  • Él nos amó.
  • Él se entregó.
  • Él nos rescató.
  • Y ahora Su gracia sigue trabajando para hacernos cada día más semejantes a Él.

Vivamos hoy entre estas dos grandes verdades: Mirando hacia la cruz donde Jesús se entregó por nosotros. Y mirando hacia adelante, al día glorioso cuando volveremos a encontrarnos con Él. Mientras tanto: dejemos que Su gracia transforme nuestra manera de vivir.

El Señor te bendiga