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“Pues hablamos como mensajeros aprobados por Dios, a quienes se nos confió la Buena Noticia. Nuestro propósito es agradar a Dios, no a las personas. Solamente él examina las intenciones de nuestro corazón.”

1 Tesalonicenses 2:4, (NTV)

Un corazón sincero para servir

Pablo comienza recordando que su llegada a Tesalónica no había sido fácil. Venía de sufrir y ser maltratado en Filipos, pero declara: “Nuestro Dios nos dio valor para declararles su Buena Noticia con valentía, a pesar de mucha oposición.” (1 Tesalonicenses 2:2)

Las dificultades no apagaron su llamado. Pero Pablo inmediatamente lleva la conversación hacia algo más profundo: las motivaciones con las que servimos. Dice que no predicaban para engañar, agradar a las personas, recibir elogios ni obtener beneficios personales (1 Tesalonicenses 2:3-6).

Y entrega una razón poderosa:“Solamente él examina las intenciones de nuestro corazón.” (v.4)

  • Podemos hacer cosas correctas por razones equivocadas.
  • Podemos servir buscando reconocimiento.
  • Podemos ayudar esperando algo a cambio.
  • Incluso podemos hablar de Dios deseando secretamente la aprobación de las personas.

Pero Pablo tenía claro a quién quería agradar: A Dios. Sin embargo, servir con motivaciones correctas no significaba hacerlo fríamente.

Pablo dice: “Los amamos tanto que no solo les presentamos la Buena Noticia de Dios, sino que también les abrimos nuestra propia vida.” (1 Tesalonicenses 2:8) ¡Qué hermosa definición del servicio! No solamente les dieron un mensaje; les entregaron su vida. Pablo utiliza incluso la imagen de una madre que cuida tiernamente a sus hijos (v.7) y luego la de un padre que anima, consuela y aconseja (vv.11-12). Había ternura para cuidar y verdad para enseñar.

Pablo agradece porque los tesalonicenses recibieron el mensaje: “No como simples palabras humanas. Lo aceptaron como la palabra de Dios, la cual, por supuesto, lo es. Y esta palabra sigue actuando en ustedes los que creen.” (1 Tesalonicenses 2:13)

Esta última expresión es preciosa: La Palabra sigue actuando. Cuando recibimos verdaderamente la Palabra de Dios, ella continúa trabajando en nuestro corazón, corrigiéndonos, fortaleciéndonos y transformándonos.

El verdadero servicio no busca usar a las personas para cumplir una misión; ama a las personas y entrega la vida para que ellas puedan conocer a Cristo.

No sirvamos para ser vistos; sirvamos para que Cristo pueda ser visto a través de nosotros.



Hoy podemos hacernos dos preguntas: ¿Por qué hago lo que hago? Y también: ¿Las personas que sirvo saben que realmente me importan?

Dios mira nuestras motivaciones. Por eso hoy:

  • Sirve sin buscar aplausos.
  • Ama sin esperar algo a cambio.
  • Comparte la verdad con ternura.
  • Anima a quien está desanimado.
  • Y busca agradar a Dios por encima de las personas.

Porque quizás alguien hoy no necesita solamente escuchar una buena palabra. Necesita experimentar el amor de Cristo a través de nuestra vida.

El Señor te bendiga.