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“Al orar a nuestro Dios y Padre por ustedes, pensamos en el fiel trabajo que hacen, las acciones de amor que realizan y la constante esperanza que tienen a causa de nuestro Señor Jesucristo.”

1 Tesalonicenses 1:3, (NTV)

Una fe que se puede ver

Pablo comienza esta carta dando gracias a Dios por la iglesia de Tesalónica: “Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes y continuamente los tenemos presentes en nuestras oraciones.”
(1 Tesalonicenses 1:2)

¿Pero qué había visto Pablo en ellos que le producía tanta gratitud? El versículo 3 nos entrega tres evidencias muy concretas:

  • Una fe que trabaja.
  • Un amor que actúa.
  • Una esperanza que persevera.

La fe de ellos no se había quedado solamente en palabras. Su fe producía obras. Cuando realmente creemos en Dios, esa confianza comienza a afectar nuestras decisiones y nuestra manera de vivir. Su amor producía acciones. No era simplemente decir: “Te amo” o “Dios te bendiga”. El amor los llevaba a servir, ayudar y entregarse por otros. Y su esperanza en Jesucristo producía perseverancia.

Las circunstancias eran difíciles, pero tenían una razón para continuar: sabían en quién habían puesto su esperanza.

Más adelante Pablo explica cómo comenzó esta transformación: “Pues, cuando les llevamos la Buena Noticia, no fue solo con palabras sino también con poder, porque el Espíritu Santo les dio plena certeza de que lo que decíamos era verdad.”
(1 Tesalonicenses 1:5) El evangelio no solamente llegó a sus oídos; llegó a sus corazones y comenzó a transformar sus vidas.

Y algo todavía más impresionante ocurrió. Aunque recibieron la Palabra en medio de dificultades, lo hicieron con el gozo que viene del Espíritu Santo (v.6). Entonces aquellos que inicialmente estaban aprendiendo comenzaron a convertirse en ejemplo para otros creyentes: “Como resultado, han llegado a ser un ejemplo para todos los creyentes…” (1 Tesalonicenses 1:7)

Y después: “Ahora la palabra del Señor está difundida desde ustedes…” (1 Tesalonicenses 1:8) ¡Qué hermosa secuencia!

  • Recibieron el evangelio.
  • El evangelio transformó sus vidas.
  • Sus vidas se convirtieron en ejemplo.
  • Y desde ellos el evangelio comenzó a alcanzar a otros.

Finalmente, Pablo dice que habían abandonado sus ídolos: “Para servir al Dios vivo y verdadero.” (1 Tesalonicenses 1:9). La conversión produjo un cambio de dirección. Dejaron aquello que ocupaba el lugar de Dios para comenzar a vivir para Él, mientras esperaban el regreso de Jesús (vv.9-10).

Una fe verdadera no solamente cambia lo que creemos; comienza a cambiar cómo vivimos, cómo amamos y cómo enfrentamos las dificultades.

La fe que transforma el corazón termina haciéndose visible en nuestra manera de vivir.



Hoy hagámonos una pregunta: ¿Qué está produciendo mi fe en mi vida? Pablo vio tres evidencias:

  • Fe que trabaja.
  • Amor que actúa.
  • Esperanza que persevera.

Que nuestra fe pueda verse en nuestras decisiones. Que nuestro amor pueda sentirse en nuestras acciones. Y que nuestra esperanza en Jesús nos mantenga firmes cuando las circunstancias sean difíciles. Quizás alguien hoy necesite ver en nuestra vida aquello que decimos creer.

El Señor te bendiga.