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“Ese día ofrecieron muchos sacrificios y se regocijaron porque Dios les había dado motivo de gran alegría. Las mujeres y los niños también participaron en la celebración, y el gozo del pueblo de Jerusalén se oía a gran distancia.”

Nehemías 12:43, (NTV)

Celebra lo que Dios ha hecho

Nehemías 12 comienza nuevamente con muchos nombres. Sacerdotes, levitas y diferentes generaciones son recordados (Nehemías 12:1-26). Pero luego llega uno de los momentos más esperados de todo el libro: “Para la dedicación de la nueva muralla de Jerusalén…” (Nehemías 12:27).

¡La muralla que alguna vez estuvo destruida ahora estaba terminada! Recordemos cómo comenzó esta historia. Nehemías recibió la noticia de que los muros estaban destruidos y se sentó a llorar, ayunar y orar (Nehemías 1:4). Después tuvo que enfrentar oposición, burlas, amenazas, cansancio, conflictos internos y distracciones. Pero ahora estaba caminando sobre aquello que tiempo atrás había visto destruido. Y Nehemías no quiso que ese momento pasara inadvertido.

Convocaron a los levitas para realizar una gran celebración: “Debían participar en la alegre ocasión con sus canciones de agradecimiento y con la música de címbalos, arpas y liras.” (Nehemías 12:27). Luego organizaron dos grandes coros que caminaron sobre la muralla en diferentes direcciones hasta encontrarse en el templo (Nehemías 12:31-40).

Aquella muralla que sus enemigos habían despreciado diciendo que hasta una zorra podía derribarla (Nehemías 4:3), ahora estaba llena de personas caminando sobre ella y adorando a Dios.

¡Qué imagen!

Donde antes había ruinas, ahora había adoración.
Donde hubo lágrimas, ahora había alegría.
Donde hubo oposición, ahora había celebración.

Y el texto nos muestra claramente de dónde provenía ese gozo: “Dios les había dado motivo de gran alegría.” (Nehemías 12:43).

Ellos habían trabajado muchísimo, pero sabían que detrás de todo estaba la mano de Dios. Por eso celebraron juntos: hombres, mujeres y niños. Y fue tal la alegría que se escuchaba desde muy lejos.

Hay momentos para llorar y orar por aquello que está destruido, momentos para trabajar y reconstruir, pero también hay momentos para detenernos y celebrar lo que Dios ha hecho.

No mires solamente lo que todavía falta; detente también a celebrar todo lo que Dios ya ha hecho.



A veces somos rápidos para presentar a Dios nuestra próxima necesidad, pero muy rápidos también para olvidar lo que Él ya hizo. Hoy detente un momento.

¿Qué oración ya respondió Dios?
¿Qué situación restauró?
¿Qué puerta abrió?
¿Qué dificultad te permitió atravesar?
¿Qué ha construido en tu vida que tiempo atrás parecía imposible?

No vivas solamente mirando lo que todavía falta. Mira también todo lo que Dios ya hizo.

  • Agradece.
  • Adora.
  • Compártelo.
  • Y celebra Su fidelidad.

Porque aquello que un día te hizo llorar puede convertirse mañana en un lugar desde donde adores a Dios.

El Señor te bendiga.