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“Pertenecemos a la misma familia que los que son ricos, y nuestros hijos son iguales a los de ellos. Sin embargo, tenemos que vender a nuestros hijos como esclavos solo para conseguir suficiente dinero para vivir. Ya hemos vendido a algunas de nuestras hijas y no podemos hacer nada al respecto, porque nuestros campos y viñedos ya están hipotecados a otros.”

Nehemías 5:5,(NTV)

Las personas también importan

Mientras todos estaban concentrados en reconstruir los muros, surgió un problema que no venía de Sanbalat ni de los enemigos de Jerusalén. Venía desde adentro. Algunas familias comenzaron a clamar: “¡Tenemos familias tan numerosas! Necesitamos más alimento para sobrevivir.” (Nehemías 5:2).

Otros habían hipotecado sus campos y casas para conseguir alimento (v.3), y algunos habían pedido dinero prestado para pagar impuestos (v.4). La situación había llegado tan lejos que algunos estaban entregando a sus propios hijos como esclavos para pagar sus deudas (v.5). Lo más doloroso era que quienes se estaban aprovechando de ellos eran sus propios hermanos judíos.

Cuando Nehemías escuchó esto: “Cuando oí sus quejas, me enojé mucho.” (Nehemías 5:6). Pero observa lo que hizo después: “Después de pensarlo bien…” (Nehemías 5:7). Nehemías se indignó frente a la injusticia, pero no reaccionó impulsivamente. Pensó, evaluó y después confrontó aquello que estaba mal.

Entonces reunió a los nobles y dirigentes y les dijo claramente: “¡Lo que están haciendo no está bien!” (Nehemías 5:9). Aquí aparece una enseñanza muy importante.

No tenía sentido reconstruir los muros de Jerusalén mientras destruían la vida de las personas dentro de esos muros. La obra de Dios nunca puede avanzar a costa de las personas.

Nehemías pidió que devolvieran las propiedades y dejaran de cobrar intereses injustos (Nehemías 5:10-11). Y ellos respondieron: “Devolveremos todo y no exigiremos nada más al pueblo.” (v.12). Pero Nehemías no solamente habló de justicia; él mismo dio el ejemplo. Durante doce años como gobernador, decidió no aprovecharse de los privilegios de su posición (Nehemías 5:14-18).

¿Y por qué? “Pero debido a que yo temía a Dios, no actué de esa manera.” (Nehemías 5:15).

El verdadero liderazgo no utiliza a las personas para construir una obra; utiliza sus recursos y su influencia para servir y cuidar a las personas.

Nunca construyas una gran obra mientras destruyes a las personas que Dios puso a tu lado.



¿Cómo estoy tratando a las personas que Dios puso a mi alrededor?

Podemos estar muy ocupados construyendo proyectos, trabajando, sirviendo o alcanzando metas y olvidar que las personas son más importantes que aquello que estamos construyendo.

Nehemías nos enseña:

  • Escucha cuando alguien está sufriendo.
  • Piensa antes de reaccionar.
  • Corrige lo que está mal.
  • Y sé tú primero el ejemplo.

Porque no basta con hacer la obra de Dios; también importa cómo la hacemos y cómo tratamos a las personas mientras la hacemos.

El Señor te bendiga.