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“Después les conté cómo la bondadosa mano de Dios había estado sobre mí y les relaté la conversación que había tenido con el rey. De inmediato contestaron: «¡Sí, reconstruyamos la muralla!». Así que comenzaron la buena obra.”

Nehemías 2:18, (NTV)

De la oración a la acción

En el capítulo anterior vimos a Nehemías llorando, ayunando y orando por Jerusalén. Pero Nehemías 2 nos enseña que la oración verdadera no nos deja inmóviles: nos prepara para actuar cuando Dios abre la puerta. Habían pasado varios meses desde que Nehemías recibió la noticia. Un día el rey notó su tristeza y le preguntó: “El rey preguntó: Bueno, ¿cómo te puedo ayudar? Después de orar al Dios del cielo, contesté: Si al rey le agrada, y si está contento conmigo, su servidor, envíeme a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis antepasados.” (vv.4-5).

Nehemías llevaba meses orando, pero frente a una decisión importante volvió a orar. Hay oraciones largas en el lugar secreto y también hay oraciones de segundos en medio de nuestras decisiones. Quien aprende a depender de Dios no solamente ora antes del problema; aprende a caminar conversando con Dios. Entonces Nehemías pide permiso para ir a Jerusalén, solicita cartas para realizar el viaje e incluso pide madera para la reconstrucción (Nehemías 2:5-8).

Esto nos enseña algo importante: la fe no está peleada con la planificación. Nehemías había orado, pero también sabía qué necesitaba. Confiaba en Dios, pero estaba preparado. Y reconoce claramente quién abrió la puerta: “El rey accedió a estas peticiones, porque la bondadosa mano de Dios estaba sobre mí.” (Nehemías 2:8).

Cuando finalmente llega a Jerusalén, tampoco comienza inmediatamente a hablar. Sale de noche y examina personalmente los muros destruidos (Nehemías 2:11-15). Antes de reconstruir, necesitaba conocer la verdadera condición de aquello que debía restaurar.

Después reúne al pueblo y dice: “¡Vamos, reconstruyamos la muralla de Jerusalén y terminemos con esta desgracia!” (Nehemías 2:17).

Nehemías convirtió una carga personal en una visión compartida. Y cuando les contó cómo Dios había abierto las puertas, el pueblo respondió: “¡Sí, reconstruyamos la muralla!” (Nehemías 2:18).

Pero inmediatamente apareció oposición (Nehemías 2:19-20). Sanbalat, Tobías y Gesem comenzaron a burlarse y despreciarlos.

Nehemías no permitió que las voces externas apagaran aquello que Dios había puesto en su corazón: “El Dios del cielo nos ayudará a tener éxito. Nosotros, sus siervos, comenzaremos a reconstruir esta muralla.” (Nehemías 2:20).

Cuando Dios pone una carga en nuestro corazón, primero oramos, después nos preparamos y, cuando Él abre la puerta, tenemos que levantarnos y actuar.



La oración nos pone de rodillas delante de Dios, pero también nos prepara para levantarnos y obedecer.

Tal vez llevas tiempo orando por algo.

Hoy la pregunta puede ser:

  • ¿Es tiempo de seguir solamente orando, o Dios ya me está mostrando un paso que debo dar?
  • Nehemías nos enseña una secuencia sencilla:
  • Ora → Prepárate → Observa → Actúa → Confía.
  • No permitas que el temor, la crítica o la oposición te detengan cuando Dios ya abrió la puerta.
  • El Señor te bendiga.