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Devocional
“Cuando oí esto, me senté a llorar. En realidad, durante varios días guardé duelo, ayuné y oré al Dios del cielo.”
Nehemías 1:4,(NTV)
Tesoro Bíblico
Cuando algo te importa, oras y actúas
Nehemías estaba lejos de Jerusalén cuando recibió noticias de su pueblo. Preguntó cómo estaban los judíos que habían regresado y cuál era la situación de Jerusalén (Nehemías 1:2).
La respuesta fue dolorosa: “Las cosas no marchan bien… El muro de Jerusalén fue derribado y las puertas fueron consumidas por el fuego.” (Nehemías 1:3).
Lo primero que llama la atención es la reacción de Nehemías. Él podría haber pensado: “Qué lamentable lo que está ocurriendo allá”, y continuar tranquilamente con su vida. Después de todo, tenía una posición importante como copero del rey y el problema estaba a cientos de kilómetros.
Pero Nehemías permitió que la necesidad de otros tocara su corazón. “Cuando oí esto, me senté a llorar.” (Nehemías 1:4).
Antes de levantar un muro, Nehemías levantó una oración. Lloró, hizo duelo, ayunó y buscó a Dios. No reaccionó impulsivamente intentando solucionar inmediatamente el problema. Primero llevó la carga delante del Señor.
Y su oración es muy interesante (Nehemías 1:5-11).
Primero reconoce quién es Dios: grande, poderoso y fiel (v.5) “Oh Señor, Dios del cielo, Dios grande y temible que cumples tu pacto de amor inagotable con los que te aman y obedecen tus mandatos” . Después confiesa el pecado, y no acusa solamente a los demás; se incluye diciendo: “hemos pecado contra ti” (vv.6-7).
Luego recuerda las promesas de Dios “Te suplico que recuerdes lo que le dijiste a tu siervo Moisés: “Si me son infieles los dispersaré entre las naciones; pero si vuelven a mí y obedecen mis mandatos y viven conforme a ellos, entonces aunque se encuentren desterrados en los extremos más lejanos de la tierra, yo los volveré a traer al lugar que elegí para que mi nombre sea honrado”. (vv.8-9).
Y finalmente pide que Dios le abra una puerta delante del rey “¡Oh Señor, te suplico que oigas mi oración! Escucha las oraciones de aquellos quienes nos deleitamos en darte honra. Te suplico que hoy me concedas éxito y hagas que el rey me dé su favor.[c] Pon en su corazón el deseo de ser bondadoso conmigo»”. (v.11).
Aquí aparece una enseñanza preciosa: Nehemías oró como alguien que confiaba en Dios, pero también estaba dispuesto a convertirse en parte de la respuesta.
Muchas veces vemos necesidades en nuestra familia, iglesia, ciudad o alrededor nuestro y pensamos: “Alguien debería hacer algo”. Nehemías nos enseña otra manera: ¿Y si Dios permitió que yo viera esta necesidad porque quiere comenzar haciendo algo en mi corazón? Las grandes obras de Dios muchas veces comienzan con una carga en el corazón, unas rodillas dobladas y una persona dispuesta a obedecer.
Punto de Acción
- Antes de reconstruir los muros, Dios encontró un corazón dispuesto a llorar, orar y actuar. ¿Qué situación Dios ha puesto delante de tus ojos que ya no puedes simplemente ignorar? No corras inmediatamente a resolverla con tus fuerzas.
- Haz lo que hizo Nehemías:
- Ora.
- Busca a Dios.
- Reconoce tu propia condición.
- Recuerda Sus promesas.
- Y pregúntale: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”
Tal vez aquello que hoy está quebrantando tu corazón sea precisamente el lugar donde Dios quiere comenzar una obra.
El Señor te bendiga.