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“Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes”

Santiago 4:7-8, (NTV)

Más cerca de Dios, más lejos del orgullo

Santiago 4 comienza haciendo una pregunta muy profunda:

“¿Qué causa las disputas y las peleas entre ustedes?” (v.1).

La respuesta no apunta a las circunstancias ni a las personas que nos rodean, sino a nuestro propio corazón. Santiago enseña que muchos conflictos nacen de nuestros deseos desordenados: querer tener la razón, buscar reconocimiento, controlar a otros o vivir para satisfacer nuestros propios intereses.

Por eso llama a los creyentes a dejar el orgullo y volver a depender de Dios. En el centro del capítulo encontramos una de las invitaciones más hermosas de toda la carta: “Humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes.” (vv.7-8).

La victoria espiritual no comienza enfrentando al enemigo, sino rindiendo el corazón a Dios. Cuando nos humillamos delante del Señor, reconocemos que lo necesitamos y dejamos de confiar en nuestras propias fuerzas.

Santiago también nos advierte contra otro tipo de orgullo: creer que tenemos el control del mañana. Muchas veces hacemos planes como si nuestra vida dependiera únicamente de nosotros, olvidando que cada día está en las manos de Dios. Por eso concluye diciendo: “Más bien, deberían decir: ‘Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello’.” (v.15).

Una fe madura reconoce que Dios es el Señor de la vida. La humildad no es pensar menos de nosotros mismos, sino pensar más en Dios y depender completamente de Él.



La humildad abre la puerta para que Dios obre; el orgullo nos aleja de Su gracia.

  • Examina si hay orgullo o autosuficiencia en alguna área de tu vida.
  • Acércate a Dios cada día por medio de la oración y Su Palabra.
  • Somete tus decisiones y planes a la voluntad del Señor.
  • En los conflictos, busca primero que Dios transforme tu corazón antes de intentar cambiar a los demás.
  • El Señor te bendiga.