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Devocional
“En efecto, todos cometemos muchos errores. Pues, si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido”
Santiago 3:2, (NTV)
Tesoro Bíblico
El poder de nuestras palabras
Santiago 3 comienza con una advertencia que podría sorprendernos: “Amados hermanos, no muchos de ustedes deberían llegar a ser maestros en la iglesia…” (v.1). ¿Por qué inicia de esa manera? Porque quien enseña tiene una gran responsabilidad delante de Dios. Sus palabras pueden edificar o desviar a otros. Santiago nos recuerda que hablar de Dios, aconsejar o enseñar nunca debe hacerse desde el orgullo o pensando que ya lo sabemos todo.
En realidad, todos necesitamos humildad, porque “todos cometemos muchos errores” (v.2).
A partir de allí, Santiago amplía la enseñanza y nos muestra que este desafío no es solo para los maestros, sino para cada creyente. El verdadero examen de nuestra madurez espiritual se refleja en la manera en que hablamos. Jesús enseñó la misma verdad cuando dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca.” (Mateo 12:34). Nuestras palabras revelan lo que realmente llena nuestro corazón. Si en nuestro interior hay orgullo, amargura o enojo, tarde o temprano eso saldrá por nuestros labios. Pero si Cristo gobierna nuestro corazón, nuestras palabras transmitirán gracia, verdad y esperanza.
Por eso Santiago compara la lengua con el freno de un caballo y el timón de un barco. Aunque son pequeños, tienen la capacidad de dirigir todo el cuerpo y cambiar el rumbo de una vida.
Finalmente nos recuerda que la verdadera sabiduría no se demuestra hablando más, sino viviendo con humildad. La sabiduría que viene de Dios produce pureza, paz, misericordia y buenos frutos.
Antes de cuidar nuestras palabras, Dios quiere transformar nuestro corazón. Cuando Él cambia el interior, nuestras palabras también cambian y comienzan a reflejar el carácter de Cristo.
Pídele al Señor que examine tu corazón y transforme aquello que aún no se parece a Cristo. Cuando el corazón es renovado por el Espíritu Santo, nuestras palabras también cambian y se convierten en un instrumento para dar vida, consolar, corregir con amor y anunciar el evangelio.
Punto de Acción
Una lengua transformada comienza con un corazón rendido a Cristo.
- ¿Qué están revelando mis palabras acerca de mi corazón
- ¿Mis conversaciones edifican o destruyen?
- ¿Hablo con humildad o con el deseo de tener siempre la razón?
- ¿Mis consejos reflejan la sabiduría de Dios o solamente mi propia opinión?
- El Señor te bendiga.