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“Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios. Que no haya ninguna inmoralidad sexual, impureza ni avaricia entre ustedes. Tales pecados no tienen lugar en el pueblo de Dios. Los cuentos obscenos, las conversaciones necias y los chistes groseros no son para ustedes. En cambio, que haya una actitud de agradecimiento a Dios. Pueden estar seguros de que ninguna persona inmoral, impura o avara heredará el reino de Cristo y de Dios. Pues el avaro es un idólatra, que adora las cosas de este mundo”

Efesios 5:1-5, (NTV).

Imitando a Cristo

En Efesios 5, Pablo nos presenta uno de los llamados más altos de la vida cristiana: “Imiten a Dios en todo lo que hagan” v.1.

Qué desafío tan grande. Dios no solo quiere que conozcamos Su Palabra; quiere que nuestro carácter refleje el de Su Hijo. Por eso Pablo comienza recordándonos quiénes somos: “Ustedes son sus hijos queridos.”

Los hijos se parecen a su padre. De la misma manera, quienes hemos nacido de nuevo somos llamados a parecernos cada día más a Cristo. ¿Y cómo se ve esa semejanza? Pablo responde inmediatamente: “Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo” v.2.

Jesús no solo nos enseñó a amar; Él mostró el amor entregando Su propia vida. Luego el apóstol nos exhorta a alejarnos de todo aquello que no refleja el carácter de Dios: la inmoralidad, la impureza, la avaricia, las palabras obscenas y toda conducta que deshonra al Señor.

La vida cristiana nos desafía en dejar aquellas cosas que nos hacen pecar y también reemplazarlo con una vida que refleje el amor, la santidad y la gratitud hacia Dios.

Más adelante, Pablo nos enseñará cómo ese amor se expresa en el matrimonio, la familia y todas nuestras relaciones.

Todo comienza con una decisión diaria, imitar a Cristo.

Cuando Él gobierna nuestro corazón, nuestras palabras cambian, nuestras decisiones cambian y nuestras relaciones también cambian.



El mayor testimonio de un creyente es una vida que refleja el carácter y el amor de Cristo.

  • Pregúntate hoy: ¿Estoy reflejando el carácter de Cristo?
  • Ama a los demás con el mismo amor que has recibido de Jesús.
  • Rechaza todo aquello que no honra a Dios.
  • Permite que cada día el Espíritu Santo forme más el carácter de Cristo en tu vida.
  • El Señor te bendiga