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“Pues por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe. Eso no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás”

Efesios 2:8-10, (NTV).

Salvos por gracia, creados con propósito

En Efesios 2, Pablo nos recuerda de dónde nos sacó Dios y hacia dónde nos está llevando. “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo” v.1-2. Antes de Cristo estábamos espiritualmente muertos a causa de nuestros pecados, siguiendo nuestros propios caminos y separados de Dios. No había nada que pudiéramos hacer para salvarnos por nosotros mismos. Pero el capítulo cambia completamente con dos palabras llenas de esperanza: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados” v.4-5.

Cuando nosotros no podíamos llegar a Él, Dios tomó la iniciativa de venir a nuestro encuentro. Por Su gran amor y misericordia, nos dio vida juntamente con Cristo. Nuestra salvación no fue el resultado de nuestras obras, méritos o esfuerzos, sino un regalo de Su gracia.

Pablo deja esta verdad absolutamente clara: “Por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe” v.8. Esto nos libra del orgullo, porque nadie puede atribuirse el mérito de haber sido salvo, y también nos libra de la culpa, porque nuestra salvación descansa en la obra perfecta de Cristo.

Después de decirnos que no somos salvos por obras, añade algo maravilloso:“Somos la obra maestra de Dios, creados de nuevo en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Él preparó para nosotros” v.10.

No hacemos buenas obras para ser salvos; hacemos buenas obras porque ya hemos sido salvados. La gracia no solo nos rescata del pecado, sino que también nos transforma y nos da un nuevo propósito. Dios no solamente perdonó nuestro pasado; también preparó un futuro lleno de propósito para cada uno de Sus hijos.



La gracia de Dios no solo nos salva; también nos transforma y nos llama a vivir el propósito para el cual fuimos creados.

  • Da gracias porque tu salvación es un regalo de la gracia de Dios.
  • Vive con humildad, recordando que todo lo has recibido de Él.
  • Descubre y desarrolla el propósito que Dios tiene para tu vida.
  • Permite que tus obras reflejen la transformación que Cristo ha hecho en tu corazón.
  • El Señor te bendiga.