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“¡Qué hermosa eres, y cuán suave, Oh amor deleitoso!”

Cantares 7:6, (NTV).

La belleza de un amor maduro

En Cantares 7, el amado vuelve a expresar su admiración por la amada. Sus palabras no son superficiales ni pasajeras; nacen de un amor que ha crecido, ha perseverado y se ha fortalecido con el tiempo.

A lo largo del libro hemos visto la búsqueda, el anhelo, el reencuentro y el compromiso. Ahora encontramos un amor que sabe valorar, afirmar y honrar. El amor verdadero no deja de expresar el valor de la persona amada.

El amado contempla la belleza de la amada y la honra con sus palabras. Esto nos recuerda que las palabras tienen el poder de fortalecer, animar y dar seguridad a quienes amamos.

También refleja el corazón de Dios hacia nosotros. Él no nos mira con desprecio ni con indiferencia. En Cristo somos amados, aceptados y llamados Sus hijos. Su amor nos restaura y nos da identidad.

La amada también responde con una hermosa declaración “Yo soy de mi amado, y él me desea” (v.10). ¡Qué hermosa seguridad! No solo sabe que pertenece a su amado, sino que también tiene la certeza de que es profundamente amada.

Así también nosotros podemos vivir confiados en el amor de Dios. No caminamos tratando de ganar Su aceptación; caminamos porque ya hemos sido amados por Él.

Cantares 7 nos enseña que un amor maduro honra, afirma y da seguridad. Cuando comprendemos cuánto nos ama Dios, aprendemos a amar a los demás con palabras que edifican y con un corazón dispuesto a valorar antes que criticar.

El amor verdadero afirma el valor de la persona amada y le brinda seguridad.



Quien descansa en el amor de Dios aprende a afirmar y valorar la vida de los demás.

  • Agradece cada día por el amor con el que Dios te ama.
  • Usa tus palabras para animar y edificar a quienes te rodean.
  • Valora a las personas más allá de sus debilidades.
  • Vive con la seguridad de que eres amado por el Señor.
  • El Señor te beniga.