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Devocional
“Que toda la gloria sea para Dios, quien puede fortalecerlos tal como expresa la Buena Noticia. En ese mensaje acerca de Jesucristo se ha revelado su plan para ustedes, los gentiles, un plan que estuvo guardado en secreto desde el principio del tiempo”
Romanos 16:25, (NTV).
Tesoro Bíblico
Firmes en el evangelio
Romanos 16 parece, a primera vista, un capítulo compuesto solo por saludos y despedidas. Sin embargo, al leerlo con atención descubrimos algo muy hermoso: Pablo menciona por nombre a muchas personas que habían servido fielmente al Señor.
Hombres y mujeres, matrimonios, familias y colaboradores aparecen en esta lista. Cada uno había cumplido un papel distinto, pero todos tenían algo en común Habían puesto su vida al servicio del evangelio.
El Reino de Dios se edifica cuando cada creyente sirve con fidelidad, aunque muchas veces su trabajo pase desapercibido. Pablo también hace una advertencia a la iglesia acerca de aquellos que causan divisiones y se apartan de la sana enseñanza. Les recuerda que permanezcan atentos y no permitan que nada los desvíe de la verdad del evangelio.
La unidad de la iglesia siempre debe estar fundamentada en la verdad de Cristo.
Finalmente, Pablo termina la carta elevando toda la gloria a Dios. Después de hablar del pecado, la gracia, la justificación por la fe, la vida en el Espíritu, la misericordia de Dios y la vida práctica del creyente, concluye recordando que es Dios quien nos sostiene. Él puede fortalecernos. No dependemos de nuestra capacidad para permanecer firmes, sino del poder de Dios obrando en nosotros por medio del evangelio de Jesucristo. Romanos comienza anunciando el poder del evangelio para salvar (1:16) y termina mostrando el poder de Dios para afirmarnos y sostenernos hasta el final.
El mismo Dios que nos salvó es el Dios que nos fortalece para permanecer fieles. EL Señor fortalece a quienes permanecen firmes en el evangelio y sirven fielmente a Su Reino.
Punto de Acción
El Evangelio tiene poder para salvarnos y también tiene poder para sostenernos hasta el final.
- Sirve al Señor con fidelidad, aunque tu servicio no siempre sea visible.
- Permanece firme en la verdad del evangelio.
- Cuida la unidad de la iglesia, edificando y no dividiendo.
- Descansa en que Dios es quien te fortalece cada día.
- El Señor te bendiga.