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“Así que, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo”

Romanos 12:1, (NTV).

Entréguense a Dios

Después de revelar durante once capítulos la grandeza del evangelio, la gracia, la justificación por la fe, la reconciliación y la fidelidad de Dios, Pablo comienza una nueva sección con una invitación “Entréguense a Dios” La vida cristiana no consiste solamente en conocer verdades acerca de Dios, sino en responder a Su misericordia con una vida completamente rendida a Él. La verdadera adoración no es solamente cantar o asistir a reuniones. Es presentar nuestra vida al Señor como una ofrenda viva y agradable. Cuando nos entregamos a Dios, Él transforma nuestra manera de pensar y comenzamos a reflejar Su carácter en nuestra relación con los demás. Por eso Pablo enseña “No finjan amar a los demás. Ámenlos de verdad” v.9.

El amor del creyente debe ser sincero, no superficial. Debe reflejar la misma gracia que hemos recibido de Dios. Y ese amor se hace evidente cuando, honramos a otros; servimos con alegría; perseveramos en la oración; compartimos con los necesitados; bendecimos a quienes nos persiguen; y respondemos al mal con el bien.

El mundo ama a quienes lo merecen. Pero Cristo nos amó cuando éramos pecadores. Por eso, una vida entregada a Dios se convierte en una vida que ama de verdad. Romanos 12 nos enseña que la mejor respuesta a la misericordia de Dios es una vida rendida a Él y un amor genuino hacia los demás.

La verdadera adoración consiste en entregarnos a Dios y reflejar Su amor en nuestra manera de vivir.



Una vida entregada a Dios se refleja en un amor verdadero hacia los demás

  • Entrégale cada día tu vida al Señor.
  • Permite que Dios transforme tu manera de pensar.
  • Ama a los demás con sinceridad.
  • Haz el bien aun cuando otros no lo merezcan.
  • Vence el mal con el bien.
  • Dios te bendiga