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Devocional
“Pues Dios le dijo a Moisés:
Romanos 9:15, (NTV.
«Tendré misericordia de quien yo quiera
y mostraré compasión con quien yo quiera»”
Tesoro Bíblico
La misericordia soberana de Dios
Después de terminar Romanos 8 con la gloriosa certeza de que nada puede separarnos del amor de Dios, Pablo comienza Romanos 9 con una profunda tristeza por la incredulidad de muchos de sus hermanos israelitas.
Pablo amaba tanto a su pueblo que incluso expresa cuánto desearía que ellos conocieran a Cristo. Ellos habían recibido grandes privilegios: los pactos, la ley, las promesas y de ellos vino el Mesías según la carne. Sin embargo, surge una pregunta importante: Si Israel rechazó al Mesías, ¿ha fallado la promesa de Dios? La respuesta de Pablo es contundente ¡De ninguna manera! La Palabra de Dios nunca ha fallado. A través de varios ejemplos del Antiguo Testamento, Pablo muestra que desde el principio la obra de Dios ha dependido de Su gracia y de Su llamado soberano, y no de los méritos humanos.
Por eso recuerda las palabras dichas a Moisés: “Tendré misericordia de quien yo quiera tener misericordia” v.15.
Esto nos enseña una gran verdad La salvación es una obra de la misericordia de Dios y no un derecho que el hombre pueda exigir. Pablo utiliza también la imagen del alfarero y el barro para recordarnos que Dios es soberano y que Su sabiduría es mucho más grande que nuestra comprensión. Sin embargo, el capítulo termina con una hermosa esperanza. Mientras muchos de Israel tropezaron por querer alcanzar la justicia mediante las obras, los gentiles alcanzaron la justicia por medio de la fe.
Dios siempre ha querido salvar por gracia a todo aquel que cree. Romanos 9 nos enseña a descansar en la soberanía, la sabiduría y la misericordia de Dios. Aunque muchas veces no entendamos completamente Sus caminos, podemos confiar en que Él nunca falla y que Su plan es perfecto.
La salvación descansa en la misericordia y la soberanía de Dios, no en los méritos humanos.
Punto de Acción
La salvación no depende de lo que merecemos, sino de la misericordia de Dios.
- Confía en que Dios nunca falla en Sus promesas.
- Descansa en Su misericordia y no en tus propios méritos.
- Aprende a rendirte ante la sabiduría de Dios aun cuando no comprendas todos Sus caminos.
- Agradece diariamente la gracia que has recibido en Cristo.
- El Señor te bendiga.