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“Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva”

Romanos 6:4, (NTV).

Vida nueva

Después de hablarnos en Romanos 5 acerca de la reconciliación con Dios y de la abundancia de Su gracia, Pablo anticipa una pregunta que algunos podrían hacerse: “Si la gracia de Dios es tan grande, ¿significa eso que podemos seguir pecando?” v.1.

La respuesta de Pablo es contundente“¡Claro que no!” La gracia no es una licencia para pecar, sino el poder para vivir una vida nueva. Explica que cuando recibimos a Cristo, fuimos unidos a Él en Su muerte y en Su resurrección. Así como Jesús murió al pecado y resucitó a una nueva vida, nosotros también hemos sido llamados a dejar atrás nuestra antigua manera de vivir.

El bautismo es una imagen de esta realidad espiritual:

  • Morimos con Cristo.
  • Fuimos sepultados con Cristo.
  • Resucitamos con Cristo.

Por eso, la vida cristiana es experimentar una transformación. Ya no somos esclavos del pecado. El pecado sigue siendo una realidad con la que luchamos, pero ya no tiene el dominio que tenía antes. Ahora pertenecemos a Cristo y hemos sido llamados a presentar nuestra vida a Dios como instrumentos para hacer lo que es correcto.

Pablo utiliza la imagen de la esclavitud para mostrar que todos servimos a algo. Antes éramos esclavos del pecado, pero ahora hemos sido liberados para servir a Dios y vivir en santidad.

Concluye con una de las declaraciones más conocidas de toda la carta “La paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor” v.23.

El pecado paga con muerte. La gracia de Dios regala vida.

Romanos 6 nos recuerda que el evangelio cambia nuestro destino eterno y cambia nuestra manera de vivir. La misma gracia que nos salvó es la que nos capacita para caminar en una vida nueva.



La gracia no solo nos perdona; nos transforma para vivir una vida nueva.

  • Recuerda que en Cristo ya no eres esclavo del pecado.
  • Presenta cada día tu vida al Señor.
  • No uses la gracia como excusa para vivir en pecado.
  • Camina en la nueva vida que Cristo te ha dado.
  • El Señor te bendiga.