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“Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados”

Romanos 3:23-24, (NTV).

Justificados por Su gracia

En Romanos 3, Pablo continúa desarrollando el argumento que comenzó en los capítulos anteriores. Después de mostrar la condición de los gentiles en Romanos 1 y la de los judíos en Romanos 2, ahora responde a una pregunta importante ¿Tiene alguna ventaja ser judío y haber recibido la Ley?

Pablo reconoce que los judíos tuvieron el privilegio de recibir la Palabra de Dios, pero deja algo muy claro ese privilegio no los hace más justos delante del Señor. Tanto judíos como gentiles están bajo la misma condición. Por eso Pablo reúne varias citas del Antiguo Testamento para llegar a una conclusión contundente: “No hay ni un solo justo, ni siquiera uno” v.11.

La Ley tenía un propósito importante, pero no podía salvar al hombre. Más bien, revelaba el pecado y mostraba nuestra necesidad de un Salvador. Y es precisamente en este punto donde aparece una de las expresiones más hermosas del evangelio: “Pero ahora…” v.21. Cuando todo parecía perdido, Dios hizo algo que el hombre jamás podría lograr por sí mismo.

Dios reveló una nueva manera de hacernos justos delante de Él. No por nuestras obras. No por cumplir perfectamente la Ley. No por méritos humanos. Sino por medio de la fe en Jesucristo. Y entonces Pablo declara: “Todos hemos pecado” v.23. Nadie queda excluido de esta realidad. Pero inmediatamente añade “Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos” v.24.¡Qué maravillosa noticia! La misma humanidad que estaba condenada por su pecado ahora puede ser declarada justa por la gracia de Dios, gracias a la obra de Cristo en la cruz. La justicia que nosotros no podíamos alcanzar, Dios nos la regaló en Jesús. Por eso nadie puede gloriarse delante del Señor. Toda la salvación es una obra de Su gracia.

Romanos 3 nos recuerda que el evangelio comienza con una mala noticia “todos somos pecadores” Pero nos conduce a la mejor noticia todos podemos ser justificados gratuitamente por medio de Jesucristo. La salvación no es una recompensa para los buenos.
Es un regalo para los que ponen su fe en Jesucristo.
Por eso nadie puede jactarse delante de Dios. Toda la gloria pertenece a Él.

La justicia que no podíamos alcanzar por nuestras obras, Dios la proveyó por gracia mediante Jesucristo.



La gracia de Dios comienza donde terminan nuestros méritos.

  • Reconoce tu necesidad diaria de la gracia de Dios.
  • Descansa en la obra perfecta de Cristo y no en tus méritos.
  • Vive agradecido por la salvación que has recibido.
  • Da toda la gloria a Dios por Su gracia inmerecida.
  • El Señor te bendiga