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“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”

Gálatas 5:25-26, (RV60).

Andemos por el Espíritu

Después de explicar que somos justificados por la fe y adoptados como hijos de Dios, ahora nos muestra cómo debemos vivir esa nueva vida, Pablo concluye el capítulo con una exhortación práctica “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu v.25. La vida cristiana comienza cuando recibimos a Cristo y continúa cada día mientras aprendemos a caminar bajo la dirección del Espíritu Santo.

Los creyentes de Galacia estaban siendo presionados para volver a un sistema de reglas y requisitos como medio de aceptación delante de Dios. Por eso Pablo les advierte: “No se sometan nuevamente al yugo de esclavitud” v.1.

Cristo no vino para cambiar una esclavitud por otra. Vino para hacernos verdaderamente libres. “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”. v.1. Sin embargo, Pablo aclara algo importante. La libertad cristiana no significa vivir guiados por nuestros deseos egoístas. La libertad sin dirección termina convirtiéndose en esclavitud nuevamente. Por eso enseña que el creyente enfrenta una lucha constante entre la carne y el Espíritu. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” v.17. Nuestra naturaleza humana nos empuja hacia el egoísmo, el orgullo y el pecado, mientras que el Espíritu Santo nos guía hacia la voluntad de Dios.

Muchos creyentes desean experimentar la presencia de Dios, pero Pablo nos recuerda que no basta con haber recibido vida espiritual. También debemos permitir que el Espíritu dirija nuestras decisiones, pensamientos, palabras y acciones. El mismo Espíritu que nos dio vida debe gobernar nuestra manera de vivir. Menciona tres actitudes que dañan profundamente la comunión entre los creyentes “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” v.26.

  • La vanagloria: busca reconocimiento personal.
  • La provocación: genera conflictos innecesarios.
  • La envidia: nos hace mirar las bendiciones de otros en lugar de agradecer lo que Dios está haciendo en nuestra propia vida.

Pablo nos enseña que la verdadera madurez espiritual no se mide solamente por el conocimiento bíblico, sino por una vida que camina diariamente bajo la dirección del Espíritu Santo.

Estas actitudes nacen de la carne y producen división. Por el contrario, cuando andamos por el Espíritu, comenzamos a reflejar el fruto que Pablo acaba de describir: “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” v.22-23.

Andar por el Espíritu significa depender de Dios en cada paso y reflejar el carácter de Cristo en nuestras relaciones. El Espíritu Santo no solo nos da vida; también quiere dirigir nuestra manera de vivir.



No basta con tener vida por el Espíritu; debemos aprender a caminar por el Espíritu.

  • Busca la dirección de Dios antes de tomar decisiones.
  • Examina si hay orgullo o comparación en tu corazón.
  • Aprende a depender diariamente del Espíritu Santo.
  • Refleja el carácter de Cristo en tus relaciones.
  • Dios te bendiga.