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 “Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero”

Gálatas 4:7, (NTV).

De esclavos a hijos

En Gálatas 4, Pablo continúa desarrollando la idea que comenzó en el capítulo anterior. Si por la fe en Cristo somos hijos de la promesa, entonces debemos comprender lo que significa vivir como hijos y no como esclavos. Explica que antes de Cristo la humanidad estaba bajo la ley como un tutor que guiaba y preparaba el camino para la llegada del Salvador. Pero cuando llegó el tiempo señalado por Dios, ocurrió algo extraordinario. Dios envió a Su Hijo.

Jesús vino al mundo para rescatar a quienes estaban bajo la esclavitud del pecado y darles una nueva posición delante del Padre. Cristo no vino solamente a perdonarnos. Vino a adoptarnos. Por eso Pablo declara una verdad maravillosa:
“Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios” v.7.

La diferencia es enorme.

  • Un esclavo vive por obligación. Un hijo vive en una relación.
  • Un esclavo sirve por temor. Un hijo sirve por amor.
  • Un esclavo no tiene herencia. Un hijo participa de todo lo que pertenece a su Padre.

Dios ha puesto Su Espíritu en nuestros corazones. Por eso ahora podemos llamar a Dios: “Abba, Padre” v.6. Es la expresión de una relación cercana, íntima y real. El evangelio cambia nuestro destino eterno y cambia nuestra identidad presente. Sin embargo, Pablo se preocupa porque algunos creyentes estaban regresando a antiguas formas de esclavitud espiritual, pensando nuevamente que debían ganar el favor de Dios mediante reglas y esfuerzos humanos. Por eso les recuerda. Ya fueron aceptados por Dios. Ya fueron adoptados por Cristo. Ya son hijos de Dios.

Gálatas 4 nos invita a dejar de vivir como esclavos del temor, la culpa o el esfuerzo humano y comenzar a vivir como hijos amados que descansan en la gracia del Padre.

En Cristo hemos dejado la esclavitud para vivir como hijos amados de Dios.



Cristo no vino solamente a liberarnos de la esclavitud; vino a llevarnos a la familia de Dios.

  • Recuerda que tu identidad está en ser hijo de Dios.
  • Acércate al Padre con confianza y libertad.
  • No intentes ganar el amor de Dios; ya lo has recibido en Cristo.
  • Vive cada día descansando en la gracia de tu Padre celestial.
  • Dios te bendiga