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Devocional
“Y ahora que pertenecen a Cristo, son verdaderos hijos de Abraham. Son sus herederos, y la promesa de Dios a Abraham les pertenece a ustedes.”
Gálatas 3:29, (NTV).
Tesoro Bíblico
Hijos de la promesa
En Gálatas 3, Pablo está respondiendo a una gran confusión que había surgido entre los creyentes. Algunos pensaban que después de creer en Jesús debían cumplir la ley para ser aceptados por Dios. Pero Pablo les recuerda que la salvación siempre ha sido por la fe.
Para demostrarlo, los lleva a mirar la vida de Abraham. Mucho antes de que existiera la ley, Abraham fue declarado justo porque creyó a Dios y confió en Sus promesas.
La relación con Dios nunca ha estado basada en méritos humanos, sino en la fe. A lo largo del capítulo, Pablo explica que la ley tuvo un propósito importante mostrar nuestra necesidad de un Salvador. Pero la ley no podía salvar ni cambiar el corazón del ser humano.
Por eso Cristo vino al mundo.
- Jesús tomó sobre sí la maldición del pecado.
- Jesús abrió el camino de la gracia.
- Jesús hizo posible que las promesas de Dios alcanzaran a todos los que creen.
Y entonces Pablo llega a una conclusión gloriosa “Ahora que pertenecen a Cristo…” v.29. Qué hermosa expresión. Nuestra identidad ya no está definida por nuestro pasado, nuestros errores o nuestros logros. Ahora pertenecemos a Cristo. Y si pertenecemos a Cristo, somos hijos de la promesa. Esto significa que las promesas que Dios hizo a Abraham encuentran su cumplimiento en todos aquellos que ponen su fe en Jesús.
Ya no somos extraños ni alejados de Dios.
– Somos hijos.
– Somos herederos.
– Somos parte de la familia de Dios.
Por eso la vida en Cristo no se vive intentando ganar el amor de Dios, sino disfrutando y caminando en el amor que ya hemos recibido por medio de Cristo. Gálatas 3 nos recuerda que nuestra seguridad no está en nuestras obras, sino en la fidelidad de Dios a Sus promesas.
En Cristo hemos sido hechos hijos de Dios y herederos de Sus promesas.
Punto de Acción
Los que pertenecen a Cristo no viven como esclavos del temor, sino como hijos de la promesa.
- Recuerda cada día que tu identidad está en Cristo.
- Descansa en las promesas de Dios y no en tus méritos.
- Vive con la seguridad de ser parte de la familia de Dios.
- Confía en que Dios cumplirá todo lo que ha prometido.
- El Señor te bendiga.