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Devocional
“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.
Hechos 1:8, (NTV)
Tesoro Bíblico
Una vida con propósito y poder
El inicio del libro de Hechos de los Apóstoles marca un momento clave: Jesús ya ha resucitado, ha estado con sus discípulos, y ahora les da una promesa y una misión.
Dos ideas fundamentales: poder y propósito. Jesús no les dice simplemente “esfuércense más” o “háganlo lo mejor posible”, sino que les asegura que recibirán poder a través del Espíritu Santo. Esto es importante porque nos recuerda que la vida de fe no depende solo de nuestras fuerzas, sino de lo que Dios hace en nosotros. No les dice que salgan inmediatamente, ni que empiecen a hacer cosas por su cuenta, esperar en obediencia. Quedarse en Jerusalén y esperar la promesa.
El Espíritu Santo no desciende en cualquier lugar ni en cualquier momento, sino en el contexto de personas que decidieron obedecer, quedarse, esperar y buscar a Dios juntos. Y esto no es pasivo. En los versículos 13-14 vemos cómo estaban: juntos, en unidad y en oración constante. No estaban perdiendo el tiempo, estaban preparándose espiritualmente.
Luego les da una misión clara: ser testigos. Esto no significa ser perfectos, sino compartir lo que han vivido y experimentado. Es una invitación a vivir una fe visible, auténtica y que impacta a otros. Jesús fue muy intencional al decir primero “recibirán poder” y luego “serán mis testigos”. Esto cambia completamente la perspectiva. Muchas veces pensamos que compartir la fe depende de saber mucho, tener las palabras correctas o una historia impactante. Pero en este pasaje vemos que lo esencial no es nuestra capacidad, sino el poder del Espíritu Santo obrando en nosotros. Por eso, antes de enviarlos, Jesús les manda quedarse, esperar y obedecer. Porque entendía que sin ese poder, la misión sería simplemente humana… y limitada.
Además, en los versículos finales (9-11), vemos la ascensión de Jesús. Este momento no es un cierre, sino un comienzo. Los discípulos ya no debían quedarse mirando al cielo, sino avanzar con la misión que habían recibido. Esto también nos habla hoy: la fe no es pasiva, es activa. Para quienes están empezando, este pasaje muestra que Dios capacita antes de enviar. Para quienes llevan tiempo, recuerda que seguimos teniendo un propósito. Y para quienes están explorando, enseña que la fe cristiana no es solo creencia, sino una vida con dirección y sentido.
Nuestro propósito no es solo creer, sino participar en la misión que Jesús nos dejó como Iglesia, pero siempre desde Su poder, no desde el nuestro.
Punto de Acción
Hoy reflexiona en esto: ¿Estoy intentando vivir mi fe en mis fuerzas o dependiendo de Dios?
- Antes de actuar, haz una pausa y busca dirección.
- Reconoce en qué áreas estás confiando más en ti que en Dios.
- Da un paso hoy, pero desde la dependencia, no desde la autosuficiencia.
Recuerda: La misión es grande, pero no depende de ti solo.
Dios te bendiga