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“Por lo tanto, cualquiera que coma este pan o beba de esta copa del Señor indignamente es culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor. Por eso cada uno debería examinarse a sí mismo antes de comer el pan y beber de la copa”

1 Corintios 11:27–28, (NTV)

Examinar nuestros motivos delante de Dios

En este capítulo, el apóstol Pablo corrige la actitud de algunos creyentes en la iglesia de Corinto durante la Cena del Señor. Lo que debía ser un momento de comunión, memoria y reverencia se había convertido en una reunión donde algunos pensaban más en sus propias necesidades o conveniencias que en el significado espiritual del acto.

Algunos llegaban primero y comían sin considerar a los demás; otros incluso quedaban sin participar. En lugar de reflejar unidad, amor y respeto, la reunión estaba marcada por egoísmo y desorden. Por eso Pablo enseña que cada creyente debe examinar su corazón y sus motivos antes de participar.

Este llamado también es muy relevante para nosotros hoy. Cuando nos congregamos, podemos caer en el error de asistir con motivaciones centradas solo en nosotros mismos: buscar beneficios personales, comodidad o incluso aspectos secundarios como la comida o la convivencia, olvidando el verdadero propósito de reunirnos como iglesia.

Cuando falta el temor reverente a Dios, es fácil tratar las cosas espirituales con ligereza. Sin embargo, congregarnos es un momento de respeto donde recordamos el sacrificio de Cristo y donde honramos a Dios juntos como iglesia. Examinar nuestros motivos nos ayuda a recordar que la iglesia no gira alrededor de nuestras necesidades personales, sino alrededor de Dios y de la comunión con nuestros hermanos.

Reflexionar sobre esto nos invita a preguntarnos:
¿Venimos a la congregación con un corazón dispuesto a honrar a Dios y a edificarnos y compartir con los demás, o solo estoy buscando algo para mi?



Examinar nuestros motivos cada vez que participamos en nuestra Iglesia

  • Recordar que congregarnos es un acto de adoración y comunión, no solo una costumbre.
  • Cultivar respeto y consideración hacia nuestra comunidad de fe.
  • Participar con gratitud, reverencia y conciencia del sacrificio de Cristo.
  • Cuando nos acercamos a Dios con un corazón sincero y reverente, nuestras reuniones como iglesia reflejan verdaderamente la unidad y el amor que Él desea.
  • Dios te bendiga