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Devocional
“Hago todo esto para difundir la Buena Noticia y participar de sus bendiciones”
1 Corintios 9:23, (NTV)
Tesoro Bíblico
El costo y el propósito del llamado
Este capítulo también nos ayuda a comprender el valor de apoyar la obra de Dios y a quienes sirven en ella. Pablo enseña que quienes dedican su vida al ministerio tienen derecho a recibir sustento. No se trata de interés personal, sino de un principio establecido en la Palabra.
Pablo comienza defendiendo su apostolado y recordando que su trabajo en la iglesia de Corinto es una evidencia de su llamado “¿Acaso no soy tan libre como cualquier otro? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor con mis propios ojos? ¿No es gracias a mi trabajo que ustedes pertenecen al Señor? Aunque otros piensen que no soy apóstol, ciertamente para ustedes lo soy. Ustedes mismos son la prueba de que soy apóstol del Señor”(1 Corintios 9:1–2). Luego explica que, así como cualquier trabajador recibe sustento por su labor, quienes sirven en la obra de Dios también pueden participar de ese apoyo.
Para explicar este principio, Pablo cita la ley donde se dice:
1 Corintios 9:9 “No le pongas bozal al buey para impedirle comer mientras trilla el grano“.
Este ejemplo muestra que Dios se preocupa por el trabajador y establece un principio: quien trabaja también puede participar del fruto de su labor. De la misma manera, quienes anuncian el evangelio pueden recibir apoyo de la comunidad de fe “Del mismo modo, el Señor ordenó que los que predican la Buena Noticia sean sostenidos por los que reciben el beneficio del mensaje” (1 Corintios 9:14).
Sin embargo, Pablo muestra algo aún más profundo. Aunque tenía ese derecho, muchas veces decidió no usarlo, para que nadie pensara que predicaba por interés económico o para evitar cualquier obstáculo al evangelio “Sin embargo, yo jamás me he valido de ninguno de esos derechos. Y no escribo esto para sugerir que es mi deseo comenzar a hacerlo ahora. De hecho, preferiría morir antes que perder mi derecho a jactarme de predicar sin cobrar” (1 Corintios 9:15). Esto revela el corazón del verdadero servicio: el evangelio está por encima de los derechos personales.
Pablo compara la vida cristiana con la disciplina de un atleta (1 Corintios 9:24–25). Así como un atleta se esfuerza y se prepara con disciplina para ganar una carrera, el creyente también debe vivir con dominio propio y enfoque espiritual. Nos muestra que el llamado al ministerio tiene un costo. Implica sacrificio, compromiso y una visión clara del propósito: que el evangelio avance y que más personas conozcan a Cristo.
Finalmente, Esta enseñanza nos invita a examinar nuestra actitud. Cuando comprendemos el valor del evangelio y la misión de la iglesia, también entendemos la importancia de sostener la obra con gratitud, generosidad y una visión espiritual.
Punto de Acción
La iglesia participa en esta misión cuando honra y sostiene a quienes trabajan en la obra.
- Reconocer el valor y la responsabilidad del ministerio.
- Entender que servir a Dios implica compromiso y disciplina.
- Recordar que el propósito principal siempre es que el evangelio llegue a más personas.
El Señor te bendiga